El verdadero final de 1984

Hoy os traigo una entrada un poco diferente de lo habitual. Y es que hoy no voy a reseñar ningún libro, ni voy a hablar de ninguna noticia del ámbito literario; hoy os voy a contar una teoría mía sobre uno de los grandes clásicos de la literatura: 1984, de George Orwell.

Quien más quien menos, todos hemos oído hablar de esta obra maestra. Algunos lo hemos leído y estamos familiarizados con la neolengua, el Ingsoc (o Socialismo Inglés, el partido único) y la Habitación 101, mientras que otros tienen una idea aproximada de qué trata gracias a programas tan populares como Gran Hermano o por tributos como el de V de Vendetta. Incluso la banda de rock Muse fue inspirada por Orwell en su album The Resistance.

Si no habéis leído aún esta joya, os recomiendo que le deis preferencia en vuestra lista de libros por leer, ya que es de lo mejor que se haya escrito jamás. También os recomiendo no seguir con esta entrada, ya que necesariamente va a haber spoilers.

Si te has leído el libro o no te importa spoilearte, dale a seguir leyendo para que te cuente cuál es el verdadero final de 1984

Si aún sigues aquí es que has leído este libro antes, o que tienes tanta curiosidad que no te dan miedo los spoilers. En cualquier caso, creo que vendría bien empezar con un pequeño resumen para poner mi teoría en perspectiva.

La historia se cuenta desde el punto de vista de Winston Smith, un trabajador del Ministerio de la Verdad (que, irónicamente, se dedica a falsear la historia con los hechos que el Ingsoc quiere que la gente crea para demostrar que el partido único no solo tiene la razón sobre todas las cosas ahora, sino que la ha tenido siempre), que, a través de su labor diaria reescribiendo periódicos o revistas para tapar las lagunas o errores del partido, se va dando cuenta de la falsedad del régimen que los gobierna.

En su rebelión contra el estado se unirá a Julia, otro miembro del partido que, desilusionada, busca la liberación de su represión diaria a través del sexo y el amor. Juntos recuperan la humanidad que les ha sido arrebatada, queriéndose el uno al otro e investigando la historia detrás de las muchas mentiras que el partido les ha hecho creer.

Esta novela presenta conceptos muy interesantes, los mecanismos que el Ingsoc usa para manipular a su población:

  • La neolengua: En lugar de decir “malo”, se dice “nobueno”. En lugar de decir “terrible”, se dice “doblemásnobueno”. La función de este idioma consiste en reducir el léxico de la lengua con palabras simples y básicas, hasta el punto en que resulte imposible hablar de conceptos complejos como la libertad o la rebelión.

La neolengua está basada en la hipótesis de Sapir-Whorf, que establece que el léxico y la gramática de un idioma determinan la forma en que sus usuarios comprenden y conceptualizan el mundo que les rodea. En otras palabras: controlando la lengua que hablan los habitantes de Oceanía, el Ingsoc controla también su pensamiento.

Si no creéis en esta teoría, decidme: ¿cómo llamaríais a la emoción que os invade cuando sentís placer por el dolor de una persona a la que odiáis? Mucha gente no sabría qué responder, o usarían palabras del léxico castellano que más o menos se aproximan a este concepto: sin embargo, el alemán tiene la palabra schadenfreude para describir exactamente este tipo de situación. Esto hace que para ellos sea mucho más fácil conceptualizar y pensar en este tipo de sensaciones, mientras que para nosotros es más raro y no pensamos a menudo en ello.

  • El doblepensar: Es un mecanismo psicológico muy complejo y difícil de explicar; en resumen, consiste en mantener dos pensamientos totalmente opuestos e incompatibles en la mente, asumiendo que ambos son ciertos. Así, si el estado antes te daba 100 gramos de chocolate al mes, pero ahora te dicen que han subido las raciones de 50 a 75 gramos, tú, por una parte, sabes que es mentira, pero por otra tienes que asumir que es verdad, ya que es lo que el partido te está diciendo.

Este concepto se expresa más claramente en uno de los “lemas” del libro: si el Ingsoc te dice que 2 + 2 = 5, entonces eso es cierto, a pesar de que tú sepas que 2 + 2 = 4. Esto no significa simplemente que el partido te haga aceptar mentiras y que tú sepas que lo son; consiste en hacer que creas, a un nivel íntimo y emocional, que esas mentiras son verdad, aunque tengas hechos empíricos demostrándote que son mentira.

De nuevo, este es un concepto mucho menos alejado de la realidad de lo que parece. Recientemente se han vuelto muy populares los conceptos de “post-verdad” y “hechos alternativos”, que consisten básicamente en que uno acude a fuentes de información claramente falsas pero que afirman lo que uno quiere creer. Es gracias a estas post-verdades que Trump salió elegido como presidente, que el Brexit ganó el referéndum, o que el cambio climático aún se siga considerando como una conspiración.

  • El Gran Hermano: ¿Alguna vez os habéis preguntando de dónde le viene el nombre a ese programa de televisión tan popular? Pues ni más ni menos que de este clásico de la literatura inglesa. En 1984, El Gran Hermano es la figura omnipresente del líder del Ingsoc, que es capaz de vigilar a todos los habitantes de Oceanía a través de las pantallas que todo el mundo tiene en sus casas. No hay ningún lugar, ningún resquicio donde uno esté a salvo de la mirada atenta de los vigilantes del partido.

Lo que Orwell no sabía es que esta predicción se haría realidad no a través de un ojo al más puro estilo de Sauron, sino a través de internet. Casi todas nuestras acciones en nuestro día a día pasan a través de internet, desde los chats que mantenemos con nuestros amigos y familiares hasta los productos que compramos en Amazon o Ebay.

Mientras tanto, todas las empresas que nos facilitan la navegación (tales como Google, Facebook, etc.) están recopilando nuestros datos y usándolos para monitorizar nuestra actividad. Puede que su finalidad no sea tan oscura como detenernos si hacemos algo que el gobierno censure, pero sí que seríamos unos ingenuos si pensáramos que nuestros movimientos no están siendo vigilados en todo momento. Su objetivo es saber a qué tipo de publicidad somos más débiles para poder mostrárnosla más a menudo y asegurarse que gastamos la mayor cantidad de dinero posible en sus empresas afiliadas.

Como vemos, los conceptos de 1984 no solo son el producto artístico de una obra literaria distópica, sino que están muy arraigados en nuestro día a día. Es por eso, quizá, que el final de esta obra nos deja tan mal sabor de boca.

Después de que florezca una relación entre Winston y Julia, el protagonista es convocado por O’Brien, un miembro superior del Ingsoc. Él le convencerá de que él pertenece a la Hermandad, un grupo revolucionario que sigue las doctrinas de Goldstein (una figura con claros rasgos judíos que el partido representa como la encarnación de todos los males que azotan Oceanía) que quiere derrocar al Gran Hermano. A partir de ese momento, Winston leerá, junto a Julia, la doctrina de la rebelión, que explica las formas en que el estado manipula a sus sujetos para hacer que les obedezcan sin rechistar.

Sin embargo, pronto se revela que O’Brien en realidad le había tendido una trampa a Winston, y tanto él como Julia son apresados y llevados al Ministerio del Amor. Allí son torturados con la finalidad de que acepten las “verdades” que ofrece el Gran Hermano: entre otras, O’Brien quiere convencer a Winston de que 2 + 2 = 5, pero éste, en un gran acto de rebeldía, insiste en que no, que 2 + 2 siempre será igual a 4, independientemente de lo que el partido diga.

Dado que se niega a aceptar la palabra del Ingsoc, Winston es llevado a la Habitación 101, donde residen nuestras peores pesadillas. A fin de cuentas, el partido ha estado monitorizando a sus sujetos durante toda su vida, y sabe perfectamente cuáles son sus mayores temores. En esa habitación, cada uno se encontrará con su infierno personal.

Para torturar a Winston, O’Brien lo enfrenta a lo que más le aterra: las ratas. Cuando era pequeño, éstas devoraron los cuerpos de su madre y su hermana, y desde entonces no hay nada que le cause mayor temor. Al final, el partido consigue lo que quiere, y Winston, para salvarse a sí mismo, grita “¡No me lo hagas a mí! ¡Házselo a ella!”.

¿Cuál es el significado detrás de esto? Que lo que más humanos nos hace, la única esperanza que podemos tener contra las mayores adversidades y los peores tiranos, es el amor. Por eso, la Habitación 101 busca deshumanizar a sus víctimas, romperlas hasta arrancarles su último vestigio de personalidad. Tras sufrir esta tortura, Winston acepta que 2 + 2 = 5, y comienza a amar al Gran Hermano por encima de todas las cosas.

Al final de la novela, Winston y Julia se encuentran de nuevo. Los dos se muestran indiferentes el uno al otro, y confiesan que se traicionaron mutuamente. Finalmente, Winston se entrega totalmente al Gran Hermano, agradeciendo la oportunidad de poder amarlo por encima de todas las cosas.

Un final desolador que nos hace ver hasta qué punto las dictaduras pueden romper y manipular a sus habitantes. Y lo peor es que aquí acaba todo; tras esta escena, unas palabras nos indican que esto es “The End”. Deprimente, ¿verdad?

No necesariamente.

Porque aunque la novela acaba ahí, el libro no lo hace. Después de que la historia termine, hay un apéndice llamado “Los principios de la neolengua”. Si uno los lee sin más, da la impresión de que es la mera repetición de lo que ya se ha estado explicando una vez tras otra durante la historia: a través de la neolengua, el partido simplifica y controla el pensamiento de sus sujetos.

Sin embargo, si prestamos un poco más de atención a la forma en que está escrito este apéndice, veremos que puede que haya algo más detrás de ello…

La neolengua era la lengua oficial de Oceanía y fue creada para solucionar las necesidades ideológicas del Ingsoc o Socialismo Inglés. En el año 1984 aún no había nadie que utilizara la neolengua como elemento único de comunicación, ni hablado ni escrito. Los editoriales del Times estaban escritos en neolengua, pero era un tour de force que solamente un especialista podía llevar a cabo. Se esperaba que la neolengua reemplazara a la vieja lengua (o inglés corriente, diríamos nosotros) hacia el año 2050.

Si nos fijamos en las formas verbales de este apéndice (que se extiende a lo largo de varias páginas), vemos en seguida que no es George Orwell quien nos está explicando el mecanismo de este idioma, sino que están todas escritas en pasado.

Esto significa que quien que quiera que lo esté escribiendo forma parte del universo de 1984, que es un ciudadano de ese mundo. Lo que es más importante aún, está hablando de la neolengua y del Ingsoc como cosas de un pasado que ya se superó. A través de esta explicación académica de la lengua de la dictadura vislumbramos una esperanza: no sabemos cómo ni gracias a quién, pero la tiranía del Gran Hermano llegó a su fin y Oceanía consiguió librarse del ojo omnipresente.

Mucha gente arguye que el interés de este apéndice es puramente académico y que no contribuye en nada a la historia. Sin embargo, a mí me gusta pensar que se trata, más bien, de un pequeño detalle que, como la rosa oculta en el Guernica de Picasso, nos intenta decir que, a pesar de todos los mecanismos que se puedan imponer para dominar y oprimir a una sociedad, los humanos siempre conseguirán sobreponerse y alcanzar la libertad.

De esta manera, George Orwell nos intenta decir que no hay una sola solución válida para oponerse a un régimen como el del Ingsoc. En lugar de darnos él la respuesta, haciendo que Winston o cualquier otro personaje derroque la dictadura del Gran Hermano, el autor nos invita a nosotros a pensar cómo creemos que los habitantes de Oceanía lograron su emancipación. Así consigue que su novela no sea un simple entretenimiento para pasar el rato, sino que se convierte en un catalizador del pensamiento crítico que nos ayuda a afrontar situaciones de tiranía o injusticia.

¿Y vosotros, qué opináis? ¿Puede haber algo de verdad detrás de esta teoría, o estoy siendo demasiado optimista?

2 comentarios

  1. Darte las Gracias, por este post, pues efectivamente se me habia pasado por alto el aspecto tan Interesante que plantea esa especie de epilogo; y siento que es mas Transcendente de lo que parece, pues en cierta forma, devuelve la posibilidad de dar una respuesta. Agradecido.

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