¿Quieres vivir de escribir?

Si has dado click a esta entrada, entonces la respuesta es, probablemente, sí. Es un buen primer paso, pero solo el primero de muchos. Y es que son muchas las personas que desearían vivir de escribir, que emplean su tiempo libre en escribir poesía, relatos y novelas. Esta gente consagra una buena parte de su vida a la escritura, pero nunca consiguen alcanzar su sueño de dedicarse a la literatura profesionalmente. ¿Por qué?

Mi respuesta es que a la pregunta del título habría que añadirle un corolario: ¿Realmente quieres vivir de escribir? Si es así, y sigues los pasos de esta entrada, estarás mucho más cerca de cumplir ese sueño.

Empecemos por el punto más importante.

Escribir es un trabajo a tiempo completo

La mayoría de los escritores tienen un trabajo a tiempo completo para pagar las facturas y mantenerse. Dedican, por lo general, 8 horas al día, cada día de la semana, a trabajar en todo tipo de profesiones, desde atención médica a la enseñanza o la venta de diversos productos en todo tipo de establecimientos. Nos tomamos esos trabajos muy en serio, porque de ellos dependen nuestro sueldo y nuestra supervivencia.

Pero, ¿te has imaginado dedicar 8 horas al día a escribir? ¿Todos los días laborales, de lunes a viernes, durante el mismo horario?

Ante esta posibilidad, muchos de los que afirman que desearían vivir de escribir se acobardan. Y es que la escritura se tiene como algo etéreo, completamente dependiente de las musas o los azares de la inspiración. Pero la verdad es bien distinta: Shakespeare, Dickens y Blake dedicaban la mayor parte de su día a escribir, estuvieran inspirados o no, y por eso se convirtieron en algunos de los autores más prolíficos y aclamados de la historia.

No te estoy diciendo que dejes tu trabajo actual y te pases el día entero escribiendo. Pero si quieres vivir de ello, te lo tienes que tomar en serio. La primera tirita que nos debemos arrancar es la de la asiduidad: hay que escribir todos los días. Si quieres hacerlo bien, deberías hacerlo al menos durante 2 o 3 horas al día, lo que equivale a aproximadamente entre 1000 y 3000 palabras, dependiendo de tu ritmo de trabajo. Y, al contrario que los trabajos regulares, debes hacerlo también los fines de semana: la creatividad no se toma días libres, y a ti te resultará mucho más fácil invocar a las musas si tienes los músculos de la escritura bien tonificados.

Este es el paso que la mayoría no está dispuesto a dar, y el motivo por el que tan pocos escritores llegan a vivir de ello. Escribir es un trabajo duro, por satisfactorio que resulte, y a todos nos resulta difícil y frustrante enfrentarnos a la hoja en blanco cada día. Pero si lo hacemos a diario, la cuesta se nos irá haciendo cada vez menos empinada, y muy pronto nos daremos cuenta de que somos capaces de superar obstáculos que antes nos parecían imposibles.

Elimina todas las distracciones

Has decidido que realmente quieres ganarte la vida escribiendo, y te has reservado 2 o 3 horas diarias para escribir. Pero tu familia y amigos requieren tu atención, y a menudo te llaman para que les ayudes con algo, o te escriben mensajes por WhatsApp, o las redes sociales te tientan con un debate muy jugoso. Llevas ya hora y media escribiendo, y piensas que no pasa nada por distraerse un segundo y echarles un vistazo…

Pero no debes distraerte por nada del mundo. En primer lugar, porque, aunque creas que solo estás dedicando unos segundos a contestar a tu pareja o escribirle a tu amigo, en realidad estás perdiendo más tiempo del que crees. Y en segundo, porque escribirás mucho mejor cuando estés concentrado en lo que haces, y esas distracciones rompen el flujo de escritura y hacen que tu prosa se resienta.

¿Te imaginas estar en tu trabajo habitual, el que te paga las facturas, y contestar al WhatsApp cada 15 minutos, comprobar las redes sociales cada media hora, o responder a tus familiares con cada cosa que necesiten? No conseguirías avanzar mucho con tus tareas, ¿verdad? Pues aquí pasa lo mismo.

Recuerda, tu meta es vivir de escribir. Si en tu trabajo de diario no te permitirías distracciones, aquí tampoco.

Empápate de ideas

Hay una frase que se ha dicho mucho y seguro que has oído mil veces, pero nunca se puede insistir lo suficiente con algo tan importante: para ser buen escritor, tienes que ser mejor lector. Escribe, escribe muchísimo, pero lee más de lo que escribes.

Y es que, aunque la escritura es una tarea muy personal e introspectiva, la verdad es que las ideas no nos van a llegar simplemente porque pensemos mucho sobre un tema. El cerebro de cualquier artista necesita estímulos constantes, y la mejor forma de conseguirlos es a través de la lectura. Así, nuestra mente se irá llenando de ideas. Al principio serán dispersas e inconexas, pero entre ellas se irán estableciendo redes neuronales de las que emergerán historias sorprendentes e interesantes.

Es por eso que debemos intentar leer todo tipo de material: cuánto más variadas sean nuestras lecturas, mayor será el abanico de ideas que poseerá nuestra mente, y mejores y más interesantes serán los giros que podremos dar a nuestras tramas. Lee sobre los temas que más te apasionen, pero lee también los periódicos; lee blogs sobre viajes, cosmética y política; lee ciencia ficción, novela histórica y romántica; lee, en definitiva, todo lo que se te ponga por delante, y adquiere y reordena todas las ideas que adquieras en tu mente. Solo así lograrás crear los personajes, situaciones y enredos que mantendrán atrapados a tus lectores.

Planea tus historias

Existe un debate hoy en día sobre los escritores de mapa o de brújula, lo que viene a representar los distintos grados de planificación a los que somete uno sus historias antes de ponerse manos a la obra. Es verdad que existen autores muy espontáneos que son capaces de sentarse con la mente completamente en blanco y trazar las historias más fascinantes y complejas que se puedan imaginar, pero estos suelen ser una excepción, así que será mejor pecar de meticulosos y dedicar una buena parte de nuestros esfuerzos a planificar nuestras narraciones antes de empezar a escribir.

Algunos de los detalles más importantes en los que pensar son: ¿cómo son mis personajes? ¿Cuáles son sus ambiciones, miedos y pasiones? ¿Qué clase de emoción quiero plasmar en cada escena? ¿Cuánto voy a revelar de la trama en cada capítulo? ¿Cuándo es el momento ideal para meter este giro argumental?

Dependiendo del grado de espontaneidad que tengas, los recursos que necesitarás son diferentes. A mucha gente les basta con hacerse estas preguntas mientras dan un paseo; luego retienen las respuestas en la mente, y se ponen a escribir, hurgando en su cerebro cada vez que les hace falta. Otras personas tienen auténticas bases de datos guardadas en archivos de Word y Excel, o galerías completas de imágenes que representan los elementos, el ambiente o la estética de lo que quieren expresar. En cualquier caso, el trabajo previo a la escritura es vital; si te lo saltas, la nota final de tu poema, relato o novela acabará siendo un suspenso.

Conecta con tu público

Muchas personas escriben solo para sí mismas, y a veces sus inquietudes son tan universales que estas resuenan con el mundo entero y sus obras se convierten en best-sellers. Otras personas prefieren no alcanzar la fama, y se entregan a la escritura solo como un ejercicio creativo o terapéutico. Pero si quieres vivir de escribir, es imprescindible que compren tus libros, y eso es algo que conseguirás solo si a la gente le interesa lo que produces. Por eso, es imprescindible que dediques el tiempo necesario a hacerte una serie de preguntas:

  • ¿Quién es tu público?
  • ¿Por qué deberían comprar tu libro, y no el de otro autor de tu mismo género literario?
  • ¿Qué expectativas tienen los lectores sobre lo que estás escribiendo?

A mucha gente no le gusta este paso del proceso creativo porque sienten que están sometiendo su talento artístico a la voluntad de la masa. Pero muchas veces ocurre todo lo contrario: al hacerte estas preguntas, te das cuenta de que estabas cayendo en tópicos manidos, o en que tu historia no era tan interesante como creías. Por ejemplo, si estás escribiendo una historia de vampiros, plantearse cuáles son las expectativas de los lectores sobre tu novela te ayudará a subvertir los estereotipos del género y sorprenderles con situaciones inesperadas.

En cualquier caso, el jefe de un escritor es siempre el público. Si tus libros no son interesantes y la gente no los compra, te habrán despedido.

Promociónate

Esta debe ser, sin lugar a dudas, la parte menos agradable para muchos del oficio de escritor. Y es que, a menos que tengas una editorial grande que te respalde y se gaste mucho dinero en publicidad, lo más probable es que te vayas a tener que encargar tú mismo de esto. De hecho, incluso aunque la tengas es imprescindible que sigas algunos de estos consejos. Si eres autopublicado, es probable que dediques incluso más tiempo a la promoción que a escribir.

Lo más importante de todo es que tengas una página de autor. No tiene que ser gran cosa: bastas con una página estática con una breve biografía y enlaces a tus textos, tanto los que estés vendiendo como los que sean accesibles de forma gratuita en línea. Lo ideal sería complementar esto con un blog donde vayas escribiendo reseñas, opiniones sobre literatura, etc., que te ayuden a crear una comunidad con las mismas inquietudes que tú.

Otro aspecto muy importante es el marketing, ese gran enemigo del arte en la mente de muchos. Y es que a pocos nos agrada aprender sobre estrategias de marketing digital, campañas de redes sociales, SEO y demás técnicas tediosas que, para empeorar las cosas, se encuentran en constante cambio, por lo que lo que aprendes un año se queda obsoleto al siguiente. Pero es imprescindible. Puede que hayas escrito el libro más interesante del mundo, pero si la gente no sabe que existe y no le convences de que de verdad es el mejor, no lo van a descubrir. Para aprender sobre aspecto te recomiendo la página Marketing Online para Escritores, que también te dará consejos sobre cómo vivir de ser escritor, o los textos de Jon Morrow, un genio en lengua inglesa del marketing y la promoción.

Por último, hay un aspecto más interesante para los escritores, y es el de los eventos y concursos literarios. Y es que enviar relatos o novelas a premios ayudará a dar prestigio a nuestros escritos (sobre todo si ganamos), al igual que ser publicados en revistas literarias o antologías de cuentos. En cuanto a eventos literarios, hay muchos y de muchos tipos: algunos de los ejemplos más interesantes. son la HispaCon o el Festival Celsius. Para consultar todo tipo de eventos y concursos, te recomiendo la famosa página web escritores.org.

Conclusión

Como ves, vivir de la escritura no es una fácil. Necesitas dedicar muchas horas al día a escribir sin interrupciones ni distracciones; debes estar leyendo constantemente sobre todo tipo de temas para adquirir nuevas ideas; necesitas conectar con tu audiencia y estudiar el mercado para saber qué es lo que les interesa y qué es lo que les aburre; tienes que aprender a promocionarte a través de eventos y redes sociales… todo esto supone una inversión de tiempo y esfuerzo considerable. Igual que cualquier otro trabajo.

A estas alturas, muchos escritores pensarán una de estas dos cosas: algunos sentirán miedo o rechazo ante la cantidad de trabajo que hace falta realizar y preferirán rendirse. Pensarán que en realidad no es necesario tanto esfuerzo, y se repetirán que pueden seguir escribiendo un relato cada tres meses o una novela cada cinco años, y algún día algún editor les descubrirá y se harán de oro con sus historias. Les deseo toda la suerte, pero lo más probable es que este sueño nunca se cumpla.

Otros, sin embargo, se sentirán motivados y esperanzados. Les pasa lo mismo que cuando alguien desea muchísimo un trabajo de funcionario que requiere estudiarse unos oposiciones: la carga de trabajo es brutal, pero presenta un mapa de carretera muy claro en el que aquellos con más vocación estarán muy motivados y avanzarán constantemente hasta alcanzar su meta. Son estas personas, las que están dispuestas a invertir todas las horas de trabajo que haga falta para cumplir sus sueños, las que realmente lograrán vivir de escribir.

Como ves, hacer de la escritura tu oficio es posible, lo que pasa es que es muy difícil y requiere mucha dedicación. Pero si has llegado hasta aquí y sientes esperanza y motivación en lugar de rechazo y apatía, entonces tienes todas las papeletas para dedicarte a la escritura profesionalmente.

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