La poesía y la tecla Enter

Se llega muy tarde a la polémica, pero que no se diga que no llegamos.

Sabrán de sobra a estas alturas los estimados lectores del controvertido fallo del Premio Espasa de Poesía de este año, pero aún si no lo saben, y por no reiterar en lo que ya han recopilado otros tantos antes que yo, les recomiendo encarecidamente que introduzcan en su buscador de confianza – si tal cosa puede existir – las palabras “Premio Espasa de Poesía”.

El venezolano Rafael Cabalier, flamante ganador del certamen, dice ser poeta, y aparentemente la editorial Espasa opina igual, motivo por el que le han entregado un galardón dotado de veinte mil euros, cantidad que ha hecho mucho, creo, por avivar un debate que ya viene de largo. Porque la cuestión no es precisamente nueva.

2015 vio nacer, en gloriosa descarga gratuita, Intensitos, de Jesús Malpartida y otros (entre los que se cuentan auténticas celebridades del Interné); un libro que se vendía como “el libro definitivo sobre la poesía cutre”, y cuya lectura hay que recomendar si se disfruta de la parodia a mala idea y a cara de perro. El término “intensito”, que se ha terminado difuminando con el tiempo para desgracia del humor y del buen describir, vino a englobar a todo aquel juntaletras de métrica improvisada y verso libre que basaba su obra en pasar de renglón. En pasar mucho, a menudo, y con un criterio oculto y, supongamos, artístico. La temática, igualmente, debía acompañar: ¿Piratas cantando a la libertad y al mar? Eso puede esperar y no da tanto like. Hablemos del amor, del meneo, del magreo.

Cinco años después seguimos en esa brecha, y la burbuja no se desinfla. No soy poeta, y digo más: estoy y he estado siempre muy lejos de serlo. Es un arte por el que siento un gran respeto y que me parece que encierra una complejidad, si no mayor, sí mucho más sutil que la prosa. Carezco, pues, de cualquier autoridad, ni siquiera tangencial, para venir a criticar con seriedad y argumentos respetables esta ola de nuevos poetisos y poetasas que, siendo legión y auspiciados por la inmediatez de Internet, ponen en práctica una suerte de do it yourself a base de aporrear el Enter; soy, sin embargo, lector, y en este ámbito sí que podría tener alguna cosa de decir, si bien con la letra y la boca pequeñas. E, incluso así, se me antoja un debate mucho menos evidente de lo que puede parecer. No faltarán voces que llamen a romper con las viejas estructuras y que consideren sonetos, coplillas y octavas reales una suerte de cárcel fascista para la creatividad. Podemos considerar, por otro lado, que siempre hay un “no todo vale”, y que si lo que se publica es un párrafo de prosa troceado a base de pulsar Enter, entonces es prosa cuarteada y con una cierta pretensión estética (no rítmica, ni mucho menos musical), pero no es poesía. La petrificación de las artes y las creatividades es un riesgo muy real, siendo lectores y escritores con frecuencia los guardianes de las esencias con mucho gusto por nuestro trabajo, y la mayoría de cambios rompedores que disfrutamos en las disciplinas que nos gustan encontraron una muy férrea oposición.

Yo no voy a decir que Cabalier – del que incluso se llegó a decir que era un robot, teniendo que desmentirlo Espasa – no mereciera el premio, pero estoy casi del todo convencido de que los había con muchos más méritos que él, por composición y, sobre todo, por esfuerzo. Entiendo la indignación y la broma, y aunque me cueste un poco más puedo llegar a entender a los que disfrutan de la obra del escritor venezolano; (he ojeado su Twitter y, aunque es cierto que tiene varios miles de “Me gustas”, también son muchos comentarios, lo que a alguno le ha hecho sospechar de la validez de estos números). Quizá estemos viviendo un exceso de simplificación, formal y temática, no sólo en la poesía, sino también en la prosa, y que se aúpen según qué obras puede servirnos para reflexionar. Se dice que se está mezclando la popularidad en redes con la calidad, pero la popularidad ha de venir de algún sitio. Quizá los modos cambien, quizá el consumidor simplifique hoy más que ayer. Quizá sea pronto para determinar si estos cambios son a mejor o a peor. Lo que sí puedo decir por el momento es que, personalmente, no me gusta, e incluso me hace sentir algo incómodo. Como que falta algo.

La Real Academia Española (cuyo diccionario, ay, edita precisamente Espasa) define la poesía como “manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa”. Pero parece recoger cable en una acepción posterior que define “poema, composición en verso”. Parece que hay partido.

Y es que, al final, qué es poesía, que se preguntó aquel.

2 comentarios

  1. Tienes toda la razón del mundo, es más dar ese giro que se ha dado, en la consideración de obra, según la popularidad supuesta y no contrastada en redes sociales por parte de un grupo editorial como es Espasa pienso que es una perversion y un fraude a los posibles lectores

    Me gusta

    • Yo desde luego no pienso en palabras como “perversión” o “fraude”; aunque, como dije, no me gusta este “new age poético”, indudablemente esto tiene su público, y esto nos tiene que llevar a reflexionar. Me extraña, eso sí, que una entidad como Espasa tenga la necesidad de llegar a algo como esto.

      Gracias por tu comentario.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s