El viaje del héroe y sus arquetipos

Aunque no todos somos expertos en mitocrítica ni en crítica literaria antropológica o psicoanalítica, sí que hemos oído hablar de un concepto ubicuo y del que se ha hablado mucho: el viaje del héroe, también conocido como monomito. Lo hemos encontrado en clases de escritura creativa, en análisis narrativos de Star Wars, o incluso en el campo de la psicología y el psicoanálisis. Pero, ¿en qué consiste realmente este viaje del héroe?

El viaje del héroe, o monomito, es un término acuñado por Joseph Campbell en su famoso libro El héroe de las mil caras para referirse a un patrón subyacente de todos los mitos y leyendas que se pueden encontrar a lo largo y ancho del mundo, incluso entre civilizaciones muy apartadas entre sí geográfica y temporalmente. Lo que lo hace aún más atractivo es el hecho de que puede ir más allá y aplicarse a cualquier expresión narrativa del ser humano, ya que su estructura cubre todas las bases de lo que la mente humana considera como una historia completa y satisfactoria.

Hemos dicho que esta estructura consta de un “viaje”, pero, ¿a que nos referimos exactamente con esto? A que el héroe de cualquier mito, leyenda, novela o expresión narrativa siempre se encuentra con más o menos las mismas situaciones, aunque estas se adornen y presenten de formas diferentes, es decir: los mismos desencadenantes de la historia, los mismos obstáculos, los mismos aliados y antagonistas, etc. La diversidad de las historias dependerá de cómo se apliquen, omitan, inviertan o subviertan todos estos elementos.

Según el monomito, toda historia comienza con un statu quo en el que se nos presenta la vida del héroe en el mundo antes de que este cambie debido a los hechos que se desarrollarán a lo largo de la trama. Este paso se corresponde con el acto 1, o planteamiento, de la teoría narrativa de Aristóteles. Imaginémonos aquí la vida de Frodo y Bilbo en Hobbiton antes del cumpleaños de este último, o la de Luke Skywalker junto a sus tíos en Tatooine antes de que se encontrara con los androides enviados por la princesa Leia. Esta fase nos permite conocer a los personajes, sus deseos y anhelos, así como adquirir un poco de trasfondo sobre la obra que estamos consumiendo.

En este punto se produce la llamada a la aventura, normalmente a través de la figura del heraldo o del mentor. ¿Y quiénes son estos? Dos de los arquetipos más importantes en el desarrollo de la historia.

El heraldo es una suerte de mensajero que aporta la información necesaria para que el héroe se ponga en marcha. Sin él, la vida del héroe jamás habría cambiado y el statu quo se habría prolongado indefinidamente. En El señor de los anillos, es Gandalf quien cumple este papel al revelarle a Frodo la naturaleza del anillo único y la necesidad imperiosa de ponerse en marcha hacia el concilio de Elrond, donde los grandes de la Tierra Media decidirán qué hacer con él; en Star Wars, este rol lo cumplen entre R2D2, que revela el mensaje de Leia Organa a Luke Skywalker, así como Obi-Wan Kenobi, que informará al joven jedi del significado de dicho mensaje y de los secretos de su linaje.

El mentor, por otra parte, es quien entrena al héroe y le ayuda a prepararse para su aventura; en muchos casos, este arquetipo se fusiona con el de heraldo. Como el héroe ha llevado hasta ahora una vida hasta cierto punto normal, y los sucesos que le esperan son maravillosos y extraordinarios, va a necesitar un guía que le enseñe a desenvolverse en este nuevo mundo y a superar los obstáculos a los que se enfrentará a partir de ese momento. De nuevo, este rol lo cumplirán Gandalf y Obi-Wan Kenobi, que acompañarán a Frodo y Luke al comienzo de sus aventuras y les impartirán su sabiduría sobre el Anillo Único y la Fuerza, respectivamente. Otro factor importante en el arquetipo del mentor es que este suele sacrificarse para que su alumno tenga éxito en su misión: así podemos ver cómo Gandalf muere en las Minas de Moria para proteger a la comunidad del anillo de las garras del Balrog, mientras que Obi-Wan Kenobi mantiene un duelo a muerte con Darth Vader para que Luke y sus compañeros puedan escapar de la nave imperial.

Es gracias a estas dos figuras que el héroe escapa de su vida mundana y cruza el umbral del mundo sobrenatural, de lo extraordinario, donde se desarrollará toda la acción de aquí en adelante. Aquí daría comienzo el acto 2 de la teoría aristotélica, o nudo de la historia. A partir de este punto se enfrentará al villano, que casi siempre cumple el rol de antagonista; el héroe contará con la ayuda de una serie de aliados, mientras que el villano se valdrá de sus secuaces para impedir que nuestro protagonista tenga éxito. Todos estos actores serán cruciales a la hora de definir cuáles serán los obstáculos a los que se enfrentará el héroe, así como la forma en que los superará. Parémonos a analizar cada uno de ellos:

El aliado del héroe es aquel que le es fiel y cuyo interés principal es que el héroe tenga éxito en su empeño. Dependiendo de su naturaleza, también se le puede usar como alivio cómico, ya que tiene un papel a menudo menos serio que el héroe. A Frodo no le faltan este tipo de compañeros: el primero y principal es Samsagaz Gamyi, que siempre estará a su lado y le ayudará a superar cualquier adversidad, desde huir de los Nazgûl hasta llevarlo sobre sus hombros para escalar el Monte del Destino, aunque tampoco podemos olvidar el papel de los otros hobbits y miembros de la comunidad del anillo. Luke, por su parte, contará con el apoyo de los androides, de Leia y de Chewbacca; en este último podemos ver perfectamente cómo un aliado puede ser útil a la vez que proporciona alivio cómico.

Los secuaces cumplen el mismo papel que el aliado, pero para el villano. No debemos olvidar que, para que una historia sea creíble, el villano debe tener sus propias metas y objetivos, es decir, debe considerarse el héroe de su propia historia, y no solo una entidad ilógica cuyo único fin es causar el mal sin motivo alguno. Es por esto que necesitará la ayuda de sus propios compañeros: Sauron tiene a los Nazgûl o Saruman, en el caso de El señor de los anillos, mientras que Palpatine cuenta con la ayuda de Darth Vader y toda la flota imperial para llevar a cabo sus planes.

El traidor o cambiaformas es aquel cuya lealtad no está muy bien definida, o que parece que lo está pero luego cambia de forma inesperada. Puede que al principio sirviera a la causa del héroe, pero luego nos sorprenda siendo un lacayo del villano; o puede que haya estado sirviendo al villano pero finalmente tenga un cambio de conciencia. Incluso puede que sirviera a una causa externa pero finalmente se decante por una de las dos prevalecientes. Este es el caso de Boromir, que sin previo aviso asalta a Frodo para arrancarle el Anillo Único con el fin de usarlo para ganar la guerra contra Sauron; o el de Han Solo, que parece luchar solo por su propio interés, pero que sorprende a todos apuntándose a la rebelión en el momento en que más lo necesitaban.

El bufón o timador es un personaje que se escapa de las convenciones normales y puede verbalizar lo que nadie más se atreve a decir. Se trata de una figura compleja pensada para incluir un factor de caos en la historia, así como de añadir un poco de alivio cómico al desarrollo de la trama. Es una bala perdida que puede afectar a la narración de formas inesperadas. En el caso de El señor de los anillos tenemos la inquietante figura de Gollum, que tan pronto nos parece patética y risible como inquietante y peligrosa, además de ser quien finalmente resuelve todo el conflicto al tirar el Anillo Único al Monte del Destino por culpa de un traspiés; en Star Wars, C3PO será quien a menudo diga las verdades incómodas y se oponga a las decisiones del grupo, aunque nunca se le haga caso y acabe sirviendo casi exclusivamente como alivio cómico.

El guardián del umbral es un personaje, generalmente neutral, que bloquea el camino del héroe en su resolución del conflicto. Las causas por las que hace esto pueden ser muy diversas: puede que la misión del héroe entrañe muchos riesgos, puede que quiera defender el statu quo, o puede incluso estar del lado del villano. En cualquier caso, representa un muro que el protagonista tendrá que sortear si quiere continuar con su aventura. Tal es el caso de Theoden o Denethor en El señor de los anillos; en teoría, ambos sirven la causa contra el señor oscuro, pero Saruman y Sauron les han envenenado la mente de tal forma que ahora se han convertido en un obstáculo que Gandalf y sus acompañantes deberán superar si quieren comandar sus ejércitos contra el de Mordor. Por su parte, Luke Skywalker se encontrará con dos muros de diferente signo, uno que apoya al villano, y otro que ulteriormente lo apoyará a él: Jabba el Hutt y Lando Calrissian.

Gracias a la ayuda, o a pesar de la interferencia, de estos arquetipos, el héroe irá superando los distintos obstáculos que se interpongan en su camino hasta llegar a la confrontación final contra el villano; aquí entramos en el acto 3 de la estructura aristotélica, el punto donde se produce el desenlace y tiene lugar el clímax de la historia. En este momento pueden ocurrir muchas cosas: puede que el protagonista luche y salga victorioso, en cuyo caso la catarsis se produce por el enfrentamiento entre las dos facciones enfrentadas. Es esto lo que ocurre entre Luke Skywalker y Darth Vader, aunque esta batalla no se gana con fuerza bruta, sino con fortaleza mental; Luke, hijo de Darth Vader, consigue devolver a su padre al lado luminoso de la fuerza y hacer que este se rebele y asesine a Palpatine justo antes de morir.

También puede ser que el héroe logre robar el elixir o tesoro que llevaba buscando todo este tiempo sin que el villano se dé cuenta; de ser así, el enfrentamiento final consistirá en una persecución en la que su objetivo será huir del antagonista sin que este lo capture o le arrebate el preciado tesoro que ha obtenido de entre sus garras. Esto es lo que ocurre en El señor de los anillos: la guerra no se gana porque los ejércitos de los hombres hayan derrotado al de Mordor, ni porque nadie haya vencido en combate singular a Sauron, sino porque Frodo y Sam logran colarse en el Monte del Destino y lanzar el Anillo Único, la fuente de poder del señor oscuro, a la lava, arrebatándole su poder. A partir de ese momento, los hobbits tendrán que huir de un volcán en erupción que amenaza con poner fin a sus vidas después de tan largo y tortuoso periplo.

Sea como sea la confrontación final, lo importante es que, al finalizar esta, el héroe ha escapado del mundo extraordinario en el que se sumergió al principio de la historia y ha retornado al punto de partida, aunque ya no es el mismo que cuando partió. Ahora trae consigo algo nuevo, ya sea la liberación de una fuerza opresora o el elixir que restaurará la vida a una tierra yerma. Puede que se haya encontrado con increíbles tesoros; o, si la historia tiene un carácter satírico o trágico, puede que todo el viaje no haya servido para nada, y que el héroe haya perdido más de lo que ha ganado tras sus aventuras, como ocurre con la serie de televisión satírica Flight of the Conchords. En cualquier caso, el héroe ha cambiado, y el mundo ha cambiado junto a él; la Tierra Media ahora es libre del yugo del señor oscuro, mientras que la galaxia ya no se encuentra oprimida por el imperio de Palpatine.

En este punto es importante señalar que, aunque todos los arquetipos y fases expuestos en este artículo son partes importantes del monomito, es perfectamente posible que muchos de ellos estén ausentes en algunas historias, o incluso que se subviertan. El héroe puede negarse a la llamada a la aventura y acabar ahí la historia, o puede unirse al lado oscuro cuando se le tienta con esta oferta. Tal es el caso de Anakin Skywalker en los Episodios I, II y III de Star Wars; en lugar de retornar triunfante tras enfrentarse al antagonista y liberar a la galaxia, Anakin, el “héroe”, cede a la tentación de Palpatine y se convierte él mismo en villano. Es por esto que el cambio que trae consigo no es una bendición para el mundo, sino la maldición de la opresión del lado oscuro de la Fuerza sobre el mundo libre.

¿Os suena esta historia? Lo más probable es que hayáis ido rellenando este artículo con vuestros propios ejemplos mientras avanzabáis. Y es que hay tantos como historias existen: de una manera u otra, el viaje del héroe se extiende a todas las narraciones que nuestra especie haya generado jamás. Por eso, la próxima vez que estéis analizando o escribiendo una obra, quizá os resulte interesante echarle un vistazo a El héroe de las mil caras de Joseph Campbell, pues os podría ayudar a entender mejor el ADN de las historias que tanto nos gusta contar.

2 comentarios

  1. Hay quien dice que con el postmodernismo todos estos arquetipos se dejaron atrás, pero creo que siguen presentes en todas las buenas historias. No conocía tu blog, me quedo de seguidora y te invito a que te pases por el mío si te apetece.
    Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

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