Asimov, historiógrafo

No sin cierta vergüenza he de reconocer que no he leído lo que se presupone que uno debe leer de Isaac Asimov. Al menos, no la mayoría, y ni siquiera lo importante, del considerado como uno de los grandes de la ciencia-ficción. La Historia de la Lectura, creo que podemos convenir, está llena de debes que cada lector tiene que purgar a su manera, y ante ustedes, lectores, me comprometo a enmendar este mal.

Puede ir para largo.

Entretanto, considero que sí se me puede permitir, si es que me lo permiten, alabar la figura de este hombre en otras facetas que se alejan del “género láser”, de Fundaciones y de Imperios. La historia va de la Historia narrada por este gran hombre que, aparte de no dar puntada sin hilo, no dejaba aguja sin usar. La Serie de Historia Universal de Asimov me parece un gran capricho lector que cualquiera debería querer concederse; porque aunque podamos estar acostumbrados, quién sabe si por el prejuicio, a que la historiografía es un concepto denso y complejo que no debería ajustarse a lo que uno considera disfrutable en una lectura casual, Asimov emerge sobre estas cenizas y nos regala volúmenes tan disfrutables como pedagógicos.

La serie histórica de Asimov no pretende ser exhaustiva ni tampoco excepcionalmente precisa. Sin embargo, y como confeso aficionado a la Historia que soy, me encontré al recorrer sus páginas con que, objetivamente, no falta casi nada de lo básico, y no le sobra ni media página. Sin perderse en lo excesivo de los detalles, lo cuenta todo con un ritmo y una ligereza envidiables. Particularmente digno de elogio es el repaso a las interminables guerras civiles de La República Romana, y la tormenta de nombres que contiene, consiguiendo Asimov ubicar y mantener la existencia y condición de cada personaje, cada evento, cada giro relevante de la Historia.

Tengo un cariño especial por esta serie. En parte es porque me aproximé a un autor por su vertiente menos habitual, en parte porque pasé un buen verano devorando varios de sus volúmenes en lecturas de tarde que se me pasaron voladas. Pero también, y diría que más importante, es por el genuino interés pedagógico y divulgador que Isaac Asimov muestra en ellos. Hay una clara intención en evitar una lectura pesada y en que esos temas lleguen, calen y se queden en el lector mucho tiempo después de que acabe la lectura, y creo que el mayor elogio que quizá se le podría hacer a estos libros es, como he oído alguna vez, que “no parecen un libro de Historia”. Pero lo son, y por ello recomiendo, más allá de Fundaciones e Imperios, que se deje usted caer por la Historia contada por un hombre que veía más allá de ella.

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