El verdadero final de 1984: una réplica sin malicia

Hace más de dos años, mi compañero Miguel Olmedo publicó en esta página una entrada llamada El verdadero final de 1984, tal vez la más vista, celebrada y comentada de esta web hasta el momento, y por un buen motivo: con muy buen hacer, Miguel expone su teoría de que 1984, de George Orwell, no tiene el final desesperanzador que se le presume, sino que en su apéndice, “Los principios de la neolengua”, se contiene un rayo de esperanza.

Recomiendo encarecidamente leer dicha entrada, a la que me remito, ya que es estupenda. No obstante, estoy en total y frontal desacuerdo con la misma.

Miguel y yo, además de socios en este proyecto, somos amigos desde hace años, y este es un tema que hemos discutido largo y tendido. A ambos nos gusta mucho el libro, y la obra de Orwell en general. Mi opinión, como ya he deslizado antes, es básicamente opuesta a la de él. Para mí, 1984 es un libro que acaba mal, o más bien acaba como no le queda más remedio. No hay ninguna pista en ningún momento de la obra en la que los personajes principales parezcan tener opción alguna para desafiar al Estado totalitario en el que viven; pasan las páginas y parecemos conocer más de ese mundo, pero no cristaliza ningún cambio, en ningún momento, salvo los muy personales e íntimos. Y dos personas no pueden tumbar a un régimen.

Me gustaría, por ello, hacer una breve réplica que apoyaré en dos puntos básicos: la naturaleza del apéndice de 1984, y la propia trayectoria, ideología e intención del autor.

Miguel ya lo apunta en su exposición: los hay quienes vemos el apéndice como una herramienta meramente “académica”, sin ninguna incidencia en la historia principal. Vale la pena mencionar que es un apéndice, no un epílogo, y que de la lectura del mismo no se puede extraer en ningún momento que sea un “narrador futuro” dentro de este universo el que describa la situación. No se menciona Oceanía, ni el Ingsoc, como elementos ya superados. En definitiva, no hay ni el más mínimo componente narrativo en este apéndice. Aunque no es en absoluto disparatado considerar que se está haciendo una exposición de un idioma y un sistema político pasado, desde un punto de vista “académico” dentro de la narración, me parece que no hay elementos suficientes para sostenerlo, y que el uso del pasado a la hora de exponerlo es una simple licencia del autor. Creo que haberlo descrito en presente tendría una implicación de realidad en una obra ficticia; la neolengua no “es”, porque nunca ha existido, afortunadamente, y por ese motivo se recurrió por parte de Orwell al pasado, más genérico en la narrativa en general y más acorde con el tiempo empleado en la propia novela.

Otro punto por el que considero que el final de 1984 no es precisamente bueno es el mismo Orwell. Este libro comparte muchísimas semejanzas temáticas, prácticamente idénticas, con Homenaje a Cataluña y especialmente Rebelión en la granja. El control de las masas a través del control de la Historia y los acontecimientos, la cambiante “verdad oficial”, las purgas y sobre todo, las revoluciones traicionadas que acaban siendo aplastadas y retorcidas por partes de sus promotores. En Homenaje a Cataluña tenemos un relato histórico que tiene que ser fiel a las vivencias de Orwell en España, y no cabe otro final posible, si bien dicho final influyó decisivamente en el autor, como él mismo reconoció; pero Rebelión en la granja prescinde de toda esperanza – salvo su versión animada, en la que triunfa una revolución contra los cerdos -, y la historia termina del modo más crudo (y fiel a la Historia) posible.

Animal_Farm_-_1st_edition

En las tres obras se intuye la perspectiva de Orwell, política y personal, frente a las temáticas que comparten y que he mencionado antes; no hablamos precisamente de un optimista. Su propia visión del mundo resulta decisiva para entender el final de una obra como 1984, con la burocracia aplastando al disidente, mientras las masas o corean al tirano o son, en el peor de los casos, indiferentes.

Sucintamente por esos motivos discrepo con tantísimo retraso del final de 1984 que propone mi compañero, pero como suele ocurrir el lector es tan soberano como el mismo autor, y las interpretaciones quedan abiertas. Como considero tener un sistema de valores medio decente, me encantaría que finalmente los proles aplastaran al Partido Interior, pero me temo que una clase de lingüística no implica el derrocamiento de una dictadura inexpugnable. Ningún imperio dura mil años, por fortuna, pero considero que la intención de Orwell en ningún momento fue ofrecer la esperanza al final de su libro.

Dicho esto, en todo caso, ¡abajo el Gran Hermano, siempre!

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