Un diálogo con una hoja en blanco

Paradójicamente, sufrir hoy el síndrome de la hoja en blanco me ha llevado a escribir sobre el síndrome de la hoja en blanco, culminando finalmente en un texto relativamente satisfactorio para mí, y creo que es bastante adecuado, porque al fin y al cabo quien a hierro mata

Muchos de vosotros y vosotras, que nos leéis, sois igualmente escritores con mayor o menor recorrido, por lo que estaréis claramente familiarizados con el término, pero en todo caso se impone una sucinta explicación; llamamos “síndrome de la hoja en blanco” a lo que viene ser, sin tanta floritura, un bloqueo creativo. Las palabras quieren salir, hay mundos que desean vivir, pero sencillamente no llegan a aparecer. Durante minutos, horas, días, hay un diálogo asimétrico con una hoja en blanco, el color de la nada. La hoja en blanco parece pedir, y no somos capaces de darle. Nos enfrentamos al implacable monstruo del texto que no existe, y en muchas ocasiones muchos perdemos.

Personalmente admiro a los y las que consiguen sobreponerse a este mal del creador; hay autores con la constancia y el dominio suficiente como para no caer en las garras del color blanco. Estos heredarán la Tierra, de eso no me cabe ninguna duda, y los premios literarios también.

Algo que siempre me ha despertado una cierta curiosidad es la cuestión de si todos los que nos dedicamos a juntar letras de un modo u otro, con mayor o menor regularidad y mayor o menor público, le ponemos diferentes caras a este bloqueo. El blanco es el arquetipo, por supuesto, pero no dejo de pensar que hay mucho más allá. Porque aunque lo llamemos “de la hoja en blanco”, al menos para mí el bloqueo tiene cara y ojos; concretamente, los de casi cualquier otra cosa que pueda hacer, pensar, ver, escuchar o leer y que sustituya a la que tengo entre manos, o mejor dicho teclas. Como una hidra, de repente hay multitud de tareas que son muchísimo más gratificantes que la que originalmente quería hacer. Es difícil identificar a un enemigo que se manifiesta con tantos rostros, pero desde luego subyace, y en mi caso es una sensación que encuentro difícil describir.

El bloqueo creativo es un aspecto muy personal, y diría que incluso muy íntimo, de todos los que nos dedicamos a estos menesteres, y de los procesos creativos también en cualquier manifestación. Aún así, y esto también puede sonar bastante obvio, hablar sobre ello con frecuencia me ayudó a “superarlo”. Y digo “con frecuencia” porque, lamentándolo mucho, me es enojosamente frecuente sufrirlo, por lo que es bastante probable que lo que estamos iniciando hoy sea, a futuro, una serie.

Por ahora os paso el testigo de este asunto, como si de una terapia de grupo se tratara. ¿Qué supone para vosotros y vosotras este “síndrome de la hoja en blanco”? ¿Estáis en alguno actualmente? ¿Sois inmunes a él? ¿Qué estrategias tenéis para hacerle frente? ¿Cuál ha sido el peor?

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